July 27th, 2008 (09:45 pm)
current mood: determined
dime... dime quien me ha invocado
cuéntame cuales son mis objetivos o haz que se apague la luz que ciega mi camino
dime... dime que hago aquí perdido...
... de nuevo he aparecido en mitad del camino, justo frente a ti, no me has dicho ni hola, yo tampoco pretendía hacerlo, nunca suele ser lo común y mucho menos tras una invocación. Aparecer de la nada en un lugar que te resulta desconocido es como nacer cada pocos días, nacer entero, lleno, completo de recuerdos, y completo de misterios que aun están por terminar de escribir en la historia de otro ser.
No se que decir, te has quedado callada y me miras a los ojos, mi armadura está lista y limpia, mi arma preparada para combatir, no veo a ningún enemigo a tu alrededor, miro de nuevo esta vez sin estar cegado por la luz del día, no estamos en mitad de ningún camino sino en la puerta de una casa en mitad de la montaña, el sol marca el tiempo, no deben ser más allá de las 11:00, brilla sinuoso en el centro del cielo y bien alto, debe ser verano en este lugar, sea donde sea que esté... ¿dónde estaba yo antes?... no tengo recuerdos, no se si he muerto una vez o cientos, ni siquiera se si cuando termine lo que he venido a hacer aquí volveré a ir donde estaba o sencillamente desapareceré de la existencia... ¿porqué no me pide nada? ¿porqué se mantiene en silencio y me deja que piense?... guardo la espada en la vaina y me arrodillo ante ella, le miro a los ojos y le pregunto con la mirada cual es la misión que me tiene encomendado.
Niega con un movimiento de cabeza y deja una medio sonrisa que se acaba con una mirada profunda, vuelve a centrar sus ojos en los míos y mi cuerpo se llena de nervios, esta vez no son de combate, no corro peligro de fallarle a nadie, no incumpliré mi misión puesto que no tengo ninguna, me siento medio vacío, me siento yo mismo... me siento perdido otra vez.
Con movimientos espaciados dejo caer sobre el suelo las partes de mi armadura y me miro, recordando como soy por dentro de este caparazón de metal, me miro las manos, hacía tanto tiempo que no miraba mis manos, además, no hay nada más en ellas, ni la espada, ni la sangre de ningún villano, ningún monstruo... tengo vanos recuerdos de haber defendido grandes causas... y otras no tan nobles. Siempre obligado a cumplir tras mi invocación, siempre obligado a llegar sin decir nada y a irme tal cual vine... abro mis labios, produzco un sonido y le pregunto, ¿hermosa mujer, qué debo hacer, para qué me habéis llamado?, ella sigue mirando a mis ojos, de vez en cuando mira al cielo, al horizonte, a la casa, y al final, vuelve a mirarme a los ojos, sus labios hacen un ademán de moverse, pero luego cesan en su empeño... siento pasar los segundos y los minutos, la magia que me ha traído aquí ya debería haberse acabado, debería haber vuelto a donde quisiera que estaba, ¿cómo se eso?, no lo tengo claro, debe haberme pasado muchas veces.
Con mi incógnita mirada ojeo la armadura que descansa tranquila en la puerta de una casa que nunca he conocido y que me resulta tan... tan... familiar. Ella se decide a hacer algo, cuatro pasos la llevan hasta la puerta, girando el pomo abierto de la entrada se mete en el interior y me invita a pasar con un gesto y esa extraña mirada. Entrando detrás de ella acabo a su lado, sentado en un sillón bastante cómodo, hay algunas cosas que no reconozco, extraños utensilios de algún otro lugar lejano, extraños para mis conocimientos, mi memoria y mis encuentros habituales en misiones tan complicadas como heroicas. Sus labios al fin no dudan y me pregunta, lentamente... “¿no recuerdas nada? ... no, no lo recuerdas... ¿no quieres liberarte a ti mismo de tus gestas y tus misiones, no quieres terminar de vivir tu vida?... aun puedes...”
Siento una punzada en la sien y recuerdo en pequeños destellos que me ofrecí a inmortalizar mis tareas, ofrecí mi alma y mi cuerpo a un hechicero para terminar la figurita de un caballero, la cual me invocaría para cumplir misiones y por siempre jamás podría hacer lo que más me gusta... recuerdo que a partir de entonces sólo resquicios de la memoria se juntan dentro de mi para acabar siempre con una oscuridad que me tranquiliza y me sostiene entre sus brazos.
Ella vuelve a dejar caer su media sonrisa y esta vez con un gesto afirmativo de su cabeza deja que sus labios vuelvan a hablar y me confiesa que ella es una gran amiga mía, aunque tal vez la haya olvidado. Al parecer ya llevo muchos años desaparecido, encerrado en esa figurita, tantos que casi todos los que conozco están en otro lugar o han vivido toda su vida. Es tan joven que no entiendo cómo puede estar contándome esto. Casi como leyendo mis pensamientos me recuerda que hay razas que viven más que otras y que he pasado por varios universos antes de conseguir que la figurita acabase en sus manos. Me confiesa que fue una sorpresa verme a mi encerrado en un artilugio mágico y que ha pasado bastantes meses hasta que ha encontrado la manera de dejarme elegir... la manera de pasar un tiempo conmigo, de mirarme a los ojos y de permitirme volver a ser yo... ya que según ella me he perdido, pero no en un camino, sino dentro de mi mismo.
Esta vez es mi rostro el que muestra sorpresa y mis ojos se posan en sus manos, ahora ya no están rígidas y las cojo entre las mías, es verdad que llevo años sin tocar a nadie, una amiga, alguien al otro lado que no desea que lleve a cabo mis gestas, levanto la sonrisa y la miro profundamente, esta vez es ella la que se amedrenta ante mi mirada, no era mi intención y me sonrojo, suelto sus manos, las dejo encima de mis piernas.
Quiero volver dentro de la figurilla, quiero volver a sentir el latir de mi corazón luchando por aquello que me hace sentir vivo, ayudando, peleando, hasta la muerte si hace falta. Su sonrisa se desvanece y parece entristecerse, “ya has muerto muchas veces”, me dice con cautela, “ya has sentido eso que llamas vida pero no te dejas a ti mismo terminar la tuya”.
Mis músculos se desvanecen, siento que mi cuello no sostiene mi cabeza y miro de nuevo mis manos sobre las piernas, todo yo temblando, todo lleno de miedo.
“Si no quieres hacerlo tendrás que cumplir lo que te diga, y esta vez tu misión será de por vida, he cambiado algunas reglas de la magia que te contenía y esta misión te durará hasta que la termines, como siempre has deseado. Cuando mueras tu alma volverá a llenar la esencia de la figurita y volverás a tener medias vidas, pero ahora, deberás terminar la tuya.”
No me doy cuenta de lo que me dice hasta que se levanta y se va a la cocina, me pregunta si quiero algo para comer y si conozco los reinos que nos rodean, mi nueva misión empezó nada más ser invocado y no hizo falta pronunciarla, hasta que no muera debo vivir mi vida. No recuerdo cómo pude encerrarme a mi mismo pero me siento vivo, libre, me siento en un lugar cercano, dejo de estar perdido y una sonrisa de nuevo me devuelve la vida. Sigue con sus gestos y miradas sin palabras y me invita a sentarme a la mesa, ha sacado algo de fruta y un plato de carne rodeado de una salsa con champiñones, pienso en los años que llevaré sin comer nada y mi estómago ruge por instinto, me vuelvo a sonrojar y ella estalla en carcajadas mientras coloca el plato en el sitio donde he decidido dejar mi cuerpo, cojo los cubiertos y me río, aunque sin dejar de estar sonrojado, la carne está realmente buena... la fruta tiene tan buena pinta...